Reglas para limpiar el acero inoxidable con desinfectantes

Los productos desinfectantes son básicos para una buena limpieza, pero a la hora de aplicarlos sobre determinadas superficies debe hacerse con cuidado. Esto sucede con el acero, donde debemos limpiar con cuidado para no ocasionar daños de corrosión. Proponemos seguir estas reglas para que una limpieza inadecuada no repercuta en su cuidado:

Regla Nº1: Utiliza las cantidades indicadas.

limpar-con-desinfectantesAumentar la dosis de desinfectante por encima de los niveles indicados no incrementará el grado de desinfección, sino que puede provocar corrosión. La manera adecuada de aplicar el producto es utilizando un dosificador para controlar la cantidad de producto y verterlo en un cubo donde se preparará la mezcla, nunca se debe verter un producto de limpieza directamente sobre una superficie de acero inoxidable. En caso de contacto accidental, aclarar rápidamente con abundante agua.

Regla Nº2: Respetar las temperaturas.

Es indispensable respetar las temperaturas de utilización de los productos de desinfección aconsejados por el fabricante del material o por el del producto de limpieza. Un aumento de temperatura del producto de desinfección aumenta los riesgos de corrosión del material. A igual que no se debe aplicar sobre una superficie todavía caliente. Además, muchos de los productos de desinfección pierden sus propiedades desinfectantes al someterlos a demasiado calor.

Regla Nº3: Respetar el tiempo de contacto.

El riesgo de corrosión aumenta de manera considerable con el aumento del tiempo de contacto entre el acero inoxidable y el producto. Es indispensable limitar el tiempo de contacto del producto con la superficie siguiendo las especificaciones. En todo caso, no se superarán los 30 minutos. Conviene asegurarse también de que no haya estancamiento de producto cuando se aclaran los sumideros, sifones o desagües de los aparatos a limpiar.

Regla Nº4: Realizar un aclarado abundante.

Un buen aclarado es el mejor remedio contra la corrosión ya que elimina todos los cloruros contenidos en los desinfectantes, favorece el desarrollo de la capa pasiva del acero inoxidable y la resistencia a la corrosión.

Regla Nº5: Secado.

Un secado a través de un rascador de goma evitará la formación de manchas blancas provocadas por la cal, muchas veces presente en el agua.

Otro caso a tener en cuenta particularmente es la lejía. La lejía es únicamente un desinfectante, no limpia. Por lo que hay que limpiar primero la superficie con un detergente y aclararlo luego.  Antes de aplicarla sobre el acero, se debe diluir en agua fría. La lejía diluida no se debe utilizar caliente ya que si se descompone a temperaturas altas, pierde su propiedad desinfectante y corroe rápidamente el acero inoxidable. Esto también se debe tener en cuenta a la hora de almacenarla, se debe guardar al abrigo de la luz y del calor para evitar su descomposición. Nunca se debe mezclar la lejía con otro producto de limpieza o con un ácido (por ejemplo, vinagre, limón, productos desincrustantes, etc), puesto que provoca la emisión de un gas dañino para el aparato respiratorio.

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